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Cuando ellos son tímidos

Nov 15, 2008

Hombres

Consejos solo para Ellos

Por norma, la sociedad asigna injustamente al hombre la obligación de “ligar” y a la mujer la de “dejarse ligar”. Pero no todos pueden hacer frente a este “deber”. Son los tímidos, quienes parten con un peso añadido en la ya de por sí difícil tarea que es el arte de conquistar.

Álvaro es tímido con las mujeres. No tiene ningún problema en decirlo. De hecho, resulta evidente viéndolo hablar con una mujer con la que, digámoslo así, tenga posibilidades de ligar. “Me bloqueo, no sé qué decir”, explica. Él es uno de los muchos hombres a los que ataca la timidez cuando intentan coquetear con una mujer. “En algunos casos, las personas pueden expresar su timidez en situaciones heterosociales con respuestas de ansiedad social”, explica Alberto Bermejo, psicólogo conductual del Gabinete EIDOS, en referencia a esta sensación de bloqueo.

Según la situación

Y es que muchas personas pueden llevar una vida completamente normal, sin que les moleste su timidez, hasta que lleguen los inevitables momentos de coqueteo. “Yo, por norma, soy bastante extrovertido con mis amigos”, comenta Álvaro, quien aclara que es un poquito más reservado “con los desconocidos, aunque no mucho más”. “Sin ir más lejos, hacer estas entrevista no me cuesta un gran esfuerzo”, comenta este barcelonés, quien reconoce que con las fotos no lo ha tenido tan fácil. “Sólo sabiendo que cámara es un nombre femenino ya temblaba”, bromea.

La sombra de la timidez, fruto de factores genéticos, psicológicos, sociales y fisiológicos, es caprichosa y oscurece más unas situaciones que otras. “Lo complicado llega cuando se trata de ligar con mujeres, la situación se me pone muy cuesta arriba”, apunta y confiesa:  “no me quiero imaginar lo mal que lo pasaré si alguna desconocida se me acerca y me dice que me ha visto en este reportaje”.

Su cuerpo les delata

¿Y cómo se traduce esta “cuesta arriba”? Los síntomas psicofisiológicos evidentes más habituales son sudoración, temblores y rubor, indicios que dificultan que el tímido se desenvuelva con soltura en sus relaciones sociales. “Algunos tímidos, por ejemplo, sufren mucho por padecer una gran propensión a ruborizarse”, señala el psicólogo, quien revela que “algunos pacientes, curiosamente, me consultan exclusivamente para poder controlar este síntoma”.

Nuestro tímido apunta otros síntomas más populares. “La mente se me queda en blanco; los temas de conversación, aunque los haya a cientos, se me agotan; sea como sea la mujer que tenga delante, me impone tanto que no sé qué decir”, afirma Álvaro.

La sociedad marca

El tímido no nace, se hace. El conjunto de experiencias en las vida nos marca profundamente y la timidez puede ser un resultado de experiencias sociales conflictivas. “Con cierta frecuencia nos encontramos con que las experiencias con las chicas en el pasado del tímido han sido agónicas”,  comenta Bermejo, quien aclara que “en una sociedad machista como la nuestra el fracaso con parejas anteriores pasa factura y arruga a los hombres”.

La presencia de pensamientos negativos específicos sobre las relaciones con el otro sexo también puede ser un motivo para desarrollar conductas retraídas. “Una educación deficiente o inapropiada igualmente puede contribuir a crear estas actitudes”, señala el especialista.

Causas personales

Y es que seguramente todos conocemos a alguien tímido, pero quizás nunca nos hayamos parado a pensar qué características personales pueden influir en estas actitudes. Además de las ya indicadas, otras pueden ser:

- La baja autoestima. Cuando uno se quiere poco a sí mismo, la falta de seguridad incide negativamente en todas las relaciones y es un excelente caldo de cultivo para la timidez.

- El aspecto físico. No nos engañemos: ser atractivo puede ser más que útil para contrarrestar el concepto anterior. También cabe destacar que es arriesgado generalizar en este sentido, ya que no todos los guapos están exentos de padecer timidez.

- El nivel intelectual. A pesar de que no se puede tomar como regla, es lógico que las personas más inteligentes se desenvuelvan mejor socialmente.

- Las habilidades sociales. El dominio de ciertas destrezas en las relaciones personales, como pueden ser la elocuencia o el don de gentes, puede ayudar a dejar en segundo plano este problema.

Atenuar el problema

La timidez, que no está considerada como una enfermedad, es un problema que, aunque es difícil de superar, puede reducirse. Y se puede atenuar de tal manera “que no interfiera gravemente en la vida cotidiana”, como indica Alberto Bermejo, “de forma que pase de ser un grave problema a ser simplemente una molestia ocasional”. Dependiendo del nivel de timidez, el problema puede ser suavizado por uno mismo –en grados muy superficiales- o con ayuda de un psicólogo en el resto de casos, para lo que se necesita realizar una evaluación de los problemas de la persona y conocer su respuestas en situaciones sociales.

“Yo me he planteado muchas veces la posibilidad de combatirla, de intentar ponerle freno conscientemente”, cuenta Álvaro. “Intento pensar fríamente, pero no puedo, es superior a mí. Y sé que si no fuera tan tímido no me iría tan mal con las mujeres”, puntualiza.

Falsas apariencias

Como a cualquier otra persona, la acción de un par de copas ayuda a los tímidos a desinhibirse en sus relaciones sociales, a soltarse. Todos sabemos que el alcohol, como depresor del sistema nervioso que es, desata la lengua y reduce la atención sobre uno mismo, dos problemas que atenazan principalmente al tímido. Su consumo en cantidades reducidas levanta el estado de ánimo, produce una sensación de euforia y reducen el sufrimiento del estrés. Por ello, los tímidos encuentran en ocasiones una salida –efímera, eso sí- en esta solución etílica. “Es cierto que con un par de copas estás más suelto”, confirma Álvaro, pero inmediatamente precisa. “Lo puedes hacer algún día que te apetezca, pero tampoco es cuestión de estar todos los días bebiendo para ligar. Yo tengo muy claro que hacerlo no es más que engañarte un poquito”.

¿Cómo ligarle?

Acostumbradas al estereotipo social que “obliga” al hombre a llevar la batuta en el coqueteo, en la mayoría de las ocasiones las mujeres esperan a que él dé el primer paso y se las “ligue”. Ceñidas a este patrón, cuando dan con un tímido la cosa se complica. ¿Qué hacer entonces? “La mujer enamorada de un hombre tímido debe ser simplemente ella”, explica Bermejo, “no necesita ningún truco”.

Eso sí: “lo importante es no presionarle ni manipularle”, especifica el psicólogo, “ya que éste puede ser un punto débil del tímido: la reactividad a la manipulación. Si la mujer presenta algunos rasgos agresivos o desafiantes puede hacer que el tímido se aleje porque no sepa manejar la relación”.

Álvaro aporta su visión al asunto. “A mí me suelen ligar, porque si alguna mujer espera que yo me lance la verdad es que lo tiene un poco difícil”. Y continúa. “Y no es porque me haga el chulito o el inaccesible, que imagino que alguna lo pensará, o porque no me apetezca tener que currármelo; simplemente es porque lo paso mal cuando he de tomar yo la iniciativa”, insiste este barcelonés, que matiza que “alguna vez lo he hecho, que conste”. Y para finalizar hace un apunte, a modo de consejo, para decantar la balanza del lado de los tímidos: “la mujer no debe valorar la timidez como algo negativo y ha de ser un poco más comprensiva de lo habitual con el hombre, porque, lo aseguro, éste lo agradecerá”. ¿Difícil? Cuestión de intentarlo.
DESPIECE

Armas de doble filo

Hoy en día los tímidos han encontrado unos rincones desde los que pueden relacionarse sin miedos con el resto de gente: son los chats en Internet y el sistema de comunicación a través de mensajes SMS desde teléfonos móviles. “En el chat y con el móvil me suelto más. Imagino que el hecho de no tener a la persona delante y ver su reacción inmediata me permite lanzarme más”, comenta Álvaro, a lo que el especialista concreta. “Son medios en los que estas personas se ven más protegidas y donde las señales de su timidez (sudoración, rubor, temblores…) no les delatan”, explica Bermejo.

Pero no es oro todo lo que reluce. “Pueden ser armas de doble filo. Por un lado facilitan la comunicación interpersonal, haciéndola más accesible; pero por otro pueden facilitar el aislamiento de personas que padecen miedos sociales, y, con ello, dificultar cualquier intercambio social usual, cara a cara”, puntualiza el psicólogo.

Alberto Bermejo  -  Otros CONSEJOS del Psicólogo:

1. El más importante: no dejar que la timidez nos haga perder oportunidades
de conocer gente y de relacionarnos con otras personas. Hay que buscar
ocasiones para exponernos ante los demás y tolerar cualquier grado de
ansiedad social que podemos experimentar.
2. Trazarnos algún plan para superar nuestros temores, afrontando las
situaciones que tememos, comenzando por las menos complicadas y terminando
con las más difíciles.
3. Recordar que las sensaciones fisiológicas experimentadas (ansiedad) no
son dañinas: podemos tolerarlas.
4. Tener muy claro que los miedos sociales NO SON MIEDOS REALES.
5. Cuando padezcamos algún temor social, intentaremos “descubrir” que
mensaje o autodiálogo hay implicado (¡siempre hay alguno!), aprovechando
para debatir su autenticidad. P.ej. “Si me pongo colorado, ellas no querrán
hablar conmigo”.
6. No hay que huir. Si esperamos lo suficiente, el temor desaparecerá.
7. Respirar despacio y aprovechar si nos es posible para realizar algún tipo
de estrategia de relajación sencilla.
8. Durante un encuentro interpersonal, dejemos de orientar nuestra atención
hacia lo que los demás piensan de nosotros o hacia nuestras propias
sensaciones corporales. Centrarla en nuestro discurso, los mensajes del
otro/a o bien utilicemos de forma provisional la distracción (¡pero haciendo
regresar pronto nuestros pensamientos a la interacción social!).
9. Puede ser útil emplear eventualmente la “parada de pensamiento”. Consiste
en cortar de raíz el flujo de consciencia (si está dominado por pensamientos
negativos) con una orden mental interna y enérgica de parada, stop, bloqueo,
etc. de la corriente de pensamientos.
10. Nuestra actuación en público suele ser mejor de lo que inicialmente
pensamos al respecto. Es un buen ejercicio grabarnos en video en situaciones
de interacción social y comprobar que no lo hacemos tan mal como creemos y
que tampoco se nota tanto que estamos “nerviosos”.
11. El sonrojo, temblores, el nerviosismo, pueden aparecer eventualmente. En
tal caso, convendría no prestarles atención especial o incluso reirnos de
nosotros mismos para desdramatizar un poco la situación.

Texto: Joaquín Vera – Con la colaboración de Alberto Bermejo, psicólogo conductual







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