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Abuso verbal.

Jan 15, 2009

Es el golpe que no deja huellas en la piel, pero que destroza el alma y acaba con la autoestima. La agresión emocional puede ser tan devastadora como la física

Adela, una joven esposa y madre de dos niños pequeños, tolera las hirientes críticas de Jaime, su esposo, sin una queja, pues no quiere que sus hijos se afecten. Pero todos los días, los comentarios del hombre que juró amarla y protegerla ‘hasta que la muerte nos separe’, golpean su autoestima.

‘Para Jaime, yo nada hago bien; no le gusta cómo cocino, dice que no sé administrar el dinero que me da para la casa, me acusa de ser mala madre si los niños no obedecen… En fin: que soy punto menos que un desastre’, dice con resignación la misma mujer que sus amigas consideran una esposa y madre ejemplar.
Sandra, una ejecutiva de 36 años de edad, evita el contacto con su padre, un hombre muy exitoso en su comunidad. ‘Para él, he desperdiciado mi talento; en algunas ocasiones he recibido un reconocimiento de mis colegas, y él siempre lo minimiza de alguna manera. Dice que fue un premio motivado por la política interna de mi empresa, por ejemplo. Nunca siento que aprueba algo de mí y menos que lo complazco’, señala.
Mariana, por su parte, a veces siente que está perdiendo la razón, ya que su novio continuamente la hace dudar de su percepción de la realidad. ‘Cuando tenemos una pelea o una discusión, Jorge me hace creer que todo fue culpa mía. El le da la vuelta a las cosas, y siempre resulta que soy yo la responsable de cómo él se siente: si siente celos, es mi culpa, si se enoja, es porque lo hice enojar… ¡Soy la culpable de todo!’, confiesa. Las tres son víctimas del abuso emocional.

GOLPES SIN MANOS
Es fácil reconocer el abuso físico. Por mucho que la víctima trate, por vergüenza o para proteger al agresor, de ocultarlo, las señales son inconfundibles: el ojo amoratado, la costilla rota, el brazo dislocado; marcas sobre la piel que son un doloroso mapa de agresión y sufrimiento. ‘Choqué con la puerta’, dice la esposa abusada que trata de mantener la semblanza del matrimonio feliz… al menos ante los demás. ‘Me caí bajando las escaleras’, dice otra, maltratada por alguien en su vida. Como sus marcas son visibles, a estas personas podemos compadecerlas o instarlas a que busquen ayuda para escapar de ese infierno. Sin embargo, hay otras que sufren de una violencia invisible a simple vista. Igual que las anteriores, ellas también reciben golpes, muchas veces increíblemente dolorosos… pero que no dejan huellas en la piel. Son las víctimas de la violencia emocional. Hombres, mujeres, niños, adolescentes y ancianos que sufren verdaderas ‘palizas’ emocionales.

EL ROSTRO DEL AGRESOR
Pueden ser nuestros seres más queridos: el esposo, la madre, el hijo, la hermana o incluso la mejor amiga; a veces, el jefe también puede ‘golpear’ a sus empleados con sus críticas y amenazas. En otras palabras: cualquier persona puede ser un agresor emocional. Su arsenal consiste en frases como estas, que usan constantemente:

• ’¡Eres tan torpe!’.

• ’¿Por que no puedes hacer nada bien?’.

• ’Te ves muy gorda con ese vestido’.

• ’Solo dices estupideces’.

• ’Eres mala madre/esposa/hija/empleada’.

• ’No sabes cocinar/vestirte/atender a los niños/administrar el dinero’.

• ’Si lo quisiera, podría encontrar a alguien mejor que tú’.

• ’Me das pena/vergüenza/asco…’.

• ’Por tu culpa…’.

La persona que escucha esta clase de agresión verbal una y otra vez, muchas veces llega a interiorizarla, sobre todo cuando ocurre en la niñez y la adolescencia, que son las etapas en las que formamos un concepto de quiénes somos.

Para ella, la voz que la ataca llega a convertirse en su voz interior. Entonces, ya no necesita que la ataquen desde afuera, porque ella misma lo hace desde adentro. Si comete un error, se dice: ‘¡Soy una estúpida!’; si aumenta de peso, se recrimina: ‘¡Soy una gorda indisciplinada!’; si alguien la critica, secretamente está de acuerdo con él o ella. Su autoestima baja a un nivel muy peligroso, y llega un momento en el que acepta el abuso emocional como algo ‘natural’.
Este, a su vez, lleva a la victima a:

• Aislarse de los demás.

• Sentirse ‘poca cosa’.

• Sufrir de depresión.

• Desarrollar problemas emocionales.

• Usar el alcohol o las drogas como un método de escape.

• Desarrollar algunas enfermedades físicas y/o sicosomáticas.

De acuerdo con el sitio en Internet howtoguides365.com, el abuso emocional funciona como un ‘lavado de cerebro’. ‘Llegamos a creer en lo que ese ‘ser querido’ nos dice todos los días’, reporta. Entonces, la víctima, lejos de rebelarse, trata de ser merecedora del amor de su victimario.

Esto es lo que el abusivo busca, consciente o inconscientemente: tener el control de la relación.
El sitio en Internet www.lilaclane.com identifica algunas de las señales más sobresalientes del abusador emocional, que son muy similares a las del abusador físico.

• Fue abusado verbalmente de niño, o presenció esa clase de abuso en su casa.

• Tiene un genio explosivo.

• Es excesivamente posesivo y celoso.

• Tiene expectativas muy rígidas del matrimonio, y no es capaz de modificarlas. Exige que su pareja cambie para complacerlo.

• No se responsabiliza de sus problemas o errores; se los proyecta a la otra persona. Por ejemplo: ‘No bebería tanto si tú no me molestaras tanto’.

• Tiene doble personalidad: puede ser increíblemente encantador o sumamente cruel.

• Padece de baja autoestima.

• Solo se siente hombre si su pareja se somete completamente a él.
Por supuesto, estas son solo algunas de las señales, pues cada caso es individual.

FRENTE AL ESPEJO
Lamentablemente, muchas personas que padecen el abuso emocional en carne propia, pierden la perspectiva y, como dijimos anteriormente, llegan a verlo y aceptarlo como algo normal. Es por eso que el paso más importante para escapar de él es reconocerlo. Estas son algunas de las preguntas que lo delatan:
• ¿Sientes que no puedes hablar con esa persona sobre las cosas que te duelen o molestan de la relación?

• ¿Te humilla, critica o ataca constantemente?

• ¿Te ridiculiza cuando expresas tus opiniones o sentimientos?

• ¿Te mantiene aislada de familiares y amigos?

• ¿Te impide trabajar o tener acceso a dinero?

• ¿La relación tiene muchos altibajos? Por ejemplo: ¿pasan un tiempo muy unidos, y luego se distancian?

• ¿Te amenaza?

• ¿En alguna ocasión ha tirado o destruido tus pertenencias, o te ha amenazado con lastimar una mascota?

• ¿Le tienes miedo a esa persona?

Cuando una persona reconoce que es víctima del abuso emocional, comienza el proceso de sanación. Entonces puede ver claramente que el trato que recibe es inaceptable. Que este no es culpa suya; y que ella no merece ese trato de ningún modo. Y lo más importante: sabe que este es un problema del agresor. Es entonces que puede comenzar a dar los pasos necesarios para liberarse.

SALIR DE LA PRISION
A través de un artículo, es imposible ofrecer una solución generalizada, que le sirva a toda persona, ya que cada caso es único y tiene circunstancias particulares. Sin embargo, lo más importante, después de reconocer el abuso, es buscar la ayuda necesaria para elevar y fortalecer la autoestima, algo que puede lograrse con un sicólogo o un consejero.

Y es que la persona que se aprecia y se respeta a sí misma, no acepta malos tratos. Una sana autoestima nos permite sentar límites. Esto quiere decir que la falta de respeto no es aceptable bajo ninguna circunstancia; que el buen trato es un requisito básico de la relación.
Por lo mismo, comienza por aceptarte, con virtudes y defectos, y concéntrate en tus puntos positivos. Trabaja en tus áreas ‘débiles’, pero hazlo por ti, porque deseas superarte, no en respuesta a las presiones de otros.

De ser posible, déjale saber al abusador que no aceptas ese comportamiento y dile cómo esperas ser tratada de ahora en adelante (la persona que teme que el enfrentamiento pueda terminar en violencia, debe tomar las medidas necesarias para evitarlo).

’No importa qué te hayan dicho o cómo hayas sido tratada, eres merecedora de amor y respeto. Mientras más consciente estés de esto, menores son las probabilidades de que aceptes un trato abusivo o irrespetuoso. No tienes por qué aceptar el abuso emocional, no importa de quién venga ni importa qué excusa te dé para ‘justificarlo’ ‘, afirma la sicoterapeuta Kali Munro. ‘Tú mereces ser tratada con respeto’.

por: Giselle Balido
Fuente: Vanidades







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